Multitudinaria despedida de la ciudad a quien fue su alcalde, José Antonio Mora Cabello

José Antonio Mora Cabello/KARPINT
José Antonio Mora Cabello / KARPINT

Eladio Paniagua
ELADIO PANIAGUACORIA

El pasado día 3 de febrero entregaba su alma a los 62 años de edad en Madrid a quien un día se la dio, José Antonio Mora Cabello, que como brisa temprana matinal nos dejó sin apenas tener tiempo para despedirse de tantos y tantos amigos como pudo presumir a lo largo de su vida. Y es que las buenas obras es lo que perdura en esta vida y lo más importante, pues todo lo demás es como espuma que se diluye con el tiempo. Es por este motivo por lo que Mora Cabello pudo disfrutar durante su vida de la amistad de todos los corianos que lo consideraban como un hijo más de la ciudad, ya que durante su faceta educativa en el IES Alagón, Mora Cabello dejó patente y como herencia a las generaciones venideras de que el maestro o profesor no sólo debe ser como tal en el aula sino que tiene una parcela muy importante en todas las facetas de la sociedad. Y esa es la gran enseñanza que nos ha transmitido a lo largo de su vida Mora Cabello entregándose con alma, vida y corazón a esta noble y leal ciudad como fiel vasallo.

Durante su vida sirvió a la ciudad como concejal del Ayuntamiento en el área de Cultura y Deportes del el año 1995 al 2000 en que ostentó el cargo de alcalde. Además de su faceta como profesor en el IES Alagón, participó activamente en los Hermanamientos de Erandio (Vizcaya) y Les Herbiers (Francia) siendo como la piedra angular de estos proyectos. Además era miembro del Club de Tenis Coria participando activamente en todas las competiciones. Fue también Abanderado de las Fiestas de San Juan de Coria, además de participar en innumerables actividades sociales y últimamente como secretario de la Entidad de Conservación del Polígono Industrial Los Rosales y miembro de un grupo musical de la ciudad, quienes al final del funeral celebrado el día 4 de en la Catedral le cantaron el bolero 'Elsa' una de sus canciones románticas y melódicas de ronda preferidas durante su vida.

En estos momentos de dolor que embarga a su esposa Valen y a sus hijos Nuria y Antonio Jesús, les quiero recordar que el dolor es como una almendra amarga que abandonamos a la vera del camino y que pasado un tiempo pasamos por allí y esa almendra amarga se ha convertido en un árbol con abundantes frutos. Os deseo que aprendáis de los frutos de este árbol y que os miréis siempre en este espejo.

 

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