Carlos Sánchez Herrero, otorrino del hospital Ciudad de Coria, junto a algunas de las máscaras de buceo donadas / KARPINT

«Gracias al llamamiento en redes, en 72 horas nos hicimos con unas 90 máscaras de buceo»

El otorrino del hospital de Coria Carlos Sánchez Herrero cuenta cómo transforma este utensilio deportivo en un sistema de protección individual o de ventilación mecánica

Eladio Paniagua
ELADIO PANIAGUA CORIA

El otorrino del hospital Ciudad de Coria, Carlos Sánchez Herrero, ha realizado un resumen de en qué consiste la reconversión de las máscaras de buceo en sistemas de protección individual o en sistemas de ventilación mecánica no invasiva para pacientes con neumonía, en este caso por el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad denominada COVID-19.

La historia es bastante simple pero no por ello menos ingeniosa. Desde su primera notificación en Wuhan (China) el 31 de diciembre de 2019, la COVID-19 se ha extendido por prácticamente todos los países del mundo. Esto ha hecho que los equipos de protección individual (EPI) y otro tipo de material sanitario como los sistemas de ventilación no invasiva hayan escaseado. La velocidad y nivel de contagio de la enfermedad ha sorprendido a los gobiernos de la mayoría de países y esto ha provocado que, dada la globalidad del problema, este tipo de material haya sido de difícil adquisición.

Como en todo momento de crisis, hay mentes preclaras que utilizan la máxima de 'a grandes males, grandes remedios' y se pusieron a buscar soluciones al problema de la escasez para proveerse de alternativas, que si bien no están homologadas, sí han probado su eficacia. Así, un médico de la región de Lombardía, el doctor Renato Favero se puso en contacto con el Instituto Isinnova para adaptar las máscaras de buceo Easybreath de la marca Decathlon en respiradores para los pacientes afectados por el COVID-19.

El resto es historia. «La pandemia se extendió, los problemas italianos fueron los nuestros y yo, en este caso –cuenta el doctor Carlos Sánchez–, lo único que hice fue copiar lo que se estaba realizando en otras partes de Europa y del mundo, por cierto, con mucho éxito. Mi primera idea era conseguir 10-15 máscaras para poder proveer de protección a los sitios más expuestos de nuestra área de salud, en caso de no disponer de la homologada, y de proporcionar al hospital de una herramienta más en caso de que fuese necesaria para el manejo de determinados pacientes. Hice un llamamiento a través de Whatsapp y uno de mis contactos me propuso la idea de llamar la atención a través de las redes sociales (gracias, Pedro). Yo no soy muy aficionado a las mismas, pero me pareció una gran idea; lo que no me podía imaginar fue la repercusión que tuvo el llamamiento. En aproximadamente 72 horas nos hicimos con unas 90 máscaras».

Agradecimientos

«En este punto –continúa– quiero hacer una serie de agradecimientos.

En primer lugar, a la ciudadanía. En estos momentos tan duros aflora una generosidad que conmueve; en segundo lugar, a los ayuntamientos de Moraleja y de la Moheda de Gata, que articularon mecanismos para la recogida de las máscaras. Por último, quiero hacer un agradecimiento especial a Paco Valiente y a Rotulcoria, los 'makers' que han hecho de manera completamente altruista y desinteresada todas la piezas necesarias para la reconversión de las máscaras, sin ellos este proyecto hubiese sido imposible».

«Ahora, con las necesidades de nuestro área de salud cubierta, estamos donando, a través de la gerencia/dirección médica del hospital, máscaras a otras áreas de salud de la región para su aprovechamiento. Espero que su uso no sea muy necesario, pero, como mi padre siempre me ha dicho, 'hombre previsor vale por dos'. De esta situación saldremos todos juntos, espero que más sabios, y deseo que con más memoria, porque como dice la frase del filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, 'aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo'», termina.