El historiador Miguel Iglesias Hernández presentó su nuevo libro 'La Aljama y Judería de Coria'

Miguel Iglesias Hernández. Karpint
Un nuevo libro

En el hotel 'San Cristóbal' de Coria y ante los medios informativos, el historiador Miguel Iglesias Hernández, presentó el pasado día 6 de junio su nuevo libro 'La Aljama y Judería de Coria', que se une a las otras ocho obras publicadas de contenido histórico sobre la presencia y participación de Coria en los acontecimientos nacionales. Entre estos libros figuran 'La Sabia de Coria y aportaciones a la historia de la ciudad'; 'Un almuerzo decente del deán', que es un estudio documental de un pleito a la luz del derecho entre los años 1717-1719; 'El ayer de Coria'; 'Coria. Temas puntuales de su historia'; 'Coria. Nuevos retazos de su historia'; 'Coria. La Diócesis, su Episcopado, la Catedral'. Y últimamente el ya citado 'La Aljama y Judería de Coria'.  Este nuevo libro contiene 323 páginas y además del título mencionado va acompañado de dos subtítulos, el referente a Coria es el siguiente 'Ejemplar convivencia de judíos y cristianos' y el otro es 'Conflictos en Trujillo, Cáceres y Plasencia'.

Según manifestó Iglesias Hernández, los motivos de escribir este nuevo libro, al igual que el resto de sus obras, son cuatro: Por un lado es su conocido amor a Coria. En segundo lugar, es que tal vez no exista otra ciudad en España que, como Coria, pueda ofrecer tan ingente cantidad de testimonios históricos confirmando que los caurienses participaron directamente en todos los acontecimientos principales que durante siglos fueron conformando la nación española.

El tercer motivo es la singularidad de Coria, que es una ciudad del Reino de Castilla en la que los judíos recibieron el mismo trato que el resto de los ciudadanos caurienses. Éstos nunca fueron perseguidos ni molestados por las autoridades locales, ni por el pueblo, ni confinados en un lugar separado. No existe ni un solo documento en los archivos nacionales o particulares que contradigan esta su afirmación. Tan fue así, que hasta la sinagoga estaba aproximadamente en el centro urbano, dentro de lo que era y es la ciudad amurallada. Consta, dice Iglesias Hernández, que los judíos principales vivieron libremente en lugares diferentes, sin confirmación alguna, dentro de lo que era casco urbano. Existe también documentación que muestra claramente que los judíos tenían una gran consideración en la ciudad. Por tal motivo, cuando en 1467 tomó posesión del señorío de esta ciudad el Conde la misma, don Gutierre de Solís, la totalidad de la aljama cauriense y judíos principales de Coria asistieron a ella como invitados principales, se les asignó un lugar distinguido junto al resto de las autoridades municipales, y nominalmente se cita en las actas el nombre de los judíos presentes en el acto.

Manifestó el autor que, con la publicación de este libro, pretende también, no solamente que Coria sea incluida en la Red de Juderías Extremeñas, sino que tanto los actuales israelitas como los judíos que voluntariamente siguen viviendo en la diáspora, comiencen a querer y valorar a Coria, en virtud del trato tan singular y distinto que esta ciudad dio a sus antepasados. Coria, asevera Iglesias Hernández, fue un oasis para los judíos que durante siglos nacieron y vivieron en España. Por tal motivo, Coria debería convertirse en lugar de peregrinación para todos cuantos se sienten herederos de este gran milenario pueblo.

La vida de los judíos en el mundo, afirma Iglesias Hernández, ha sido maliciosamente interpretada, antes y ahora. Para enderezar este entuerto, el contenido del libro, afirma, ha sido dividido en diferentes contenidos, a fin de que el lector, con documentos en la mano, pueda emitir por sí mismo un juicio personal sobre este pueblo. La ignorancia sobre el mismo, dice, es oceánica a todos los niveles. Por tal motivo, y para que el lector pueda hablar con conocimiento de causa, es escritor da a conocer, primeramente, una breve historia civil y religiosa de cómo nació y se fue desarrollando y evolucionando el pueblo hebreo en su pensar, sentir y actuar, al contacto con otras culturas, tanto cuando vivió en Palestina como en los exilios.

Posteriormente copia la legislación antijudía dada en el Reino de Castilla y da a conocer el trato que de hecho recibieron los judíos residentes en él. Afirma Iglesias Hernández que, de hecho, en Coria no se hizo caso alguno a las leyes antijudías dadas en el reino, y los judíos y cristianos caurienses convivieron pacíficamente. Y basado en una serie de documentos, cree, que ha hallado la causa y ofrece las motivaciones. Afirma que fue debido al primer Conde de Coria don Gutierre de Solís, al astuto primer Duque de Alba don García Álvarez de Toledo y a varios de los obispos de Coria. También el autor da a conocer en su libro cómo era la sinagoga y dónde estaba ubicada; lo mismo la vivienda aneja en que moraba el encargado de la misma; y el edificio donde los judíos realizaban sus 'baños rituales o purificatorios'. Eran estos tres edificios cercanos, pero no sólo distintos, sino separado. Del cementerio judío afirma que solamente se puede saber en qué lugar aproximadamente podía estar ubicado en las cercanías del actual Barrio de Moscoso. Es imposible, afirma, que se hallara en el actual Barrio del Carmen, entre otros motivos, porque esa puerta de salida de la ciudad, ni tan siquiera existía en los siglos IX, X y XI, en que los judíos residieron en Coria. Luego, malamente se podía salir por ella para enterrar a nadie. Afirma también que en el solar del Patio de los Naranjos del Palacio del Duque de Alba, es sin lugar a dudas una obra cabalística del misticismo judío, realizado por judíos conversos después de la expulsión. Además Iglesias Hernández explica algunas de las causas que determinaron la expulsión de los judíos. Afirma que, si es cierto que existió una España Romana, una España Visigoda y otras, nunca existió una España Judía después de tantos siglos de permanencia en ella. Solamente existieron judíos en España. Y es que los judíos de España se regían por sus propias leyes, como pueblo diferente, y por tal motivo pagaban sus impuestos directamente al rey, viviendo como un estado dentro de otro estado. Los judíos no estaban sujetos a los impuestos normales del concejo donde residían, eran juzgados por sus propios jueces en sus propias causas, tenían sus propias cofradías y demás. De esta vivencia de pueblo privilegiado, nació la inquina, no de los reyes, sino del pueblo, contra los judíos, y esto fue el más fuerte determinante de su expulsión. Los Reyes Católicos siempre protegieron a las comunidades e individuos judíos.

Como contrapunto, y para resaltar el buen trato que siempre recibieron los judíos nacidos y residentes en Coria, el autor da a conocer la documentación existente en el archivo de Simancas sobre los conflictos graves y permanentes que existieron en las juderías de Cáceres, Trujillo y Plasencia.

Iglesias Hernández ofrece al final un anexo en el que da su visión sobre la fundación del Estado de Israel y el papel tan decisivo que tiene esta nación para que las naciones de occidente gocen de paz. Y finaliza diciendo que las naciones de occidente necesitan la existencia del Estado de Israel en ese lugar tan privilegiado.